Lobo Gris

¡¡Buenas noches y feliz domingo!!, ¿qué tal la semana?.

Esta noche vamos de cabeza al capitulo 6, ¿qué fue lo que le pidió Toya a Gabriela antes de irse unos días?, sencillo, que fuera cuidadosa y no se metiera en problemas, sin embargo, ¿qué pasa cuando son los problemas los que te encuentran a ti?

Es la hora de volver a ver al lobo, es el momento para descubrir algunas cosas, solo unas pocas, si queréis saberlas, solo seguid conmigo un poco más.

Que tengáis un buen capitulo, y nos vemos la próxima semana con más.

Karem Belt.

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6

Tres noches desde la despedida, la luna creciente comenzaba a adivinarse en el cielo, todavía no era más que una fina sonrisa, pero aquello marcaba que Toya estaba a punto de regresar y mis problemas con él.

Habían sido tres noches sin pesadillas, sin escuchar ninguna extraña voz, sin despertar en calles vacías, todo un alivio para mis nervios, y al mismo tiempo tres noches sin resultado, sin encontrar nada en todos los libros y manuscritos a los que tuve acceso, mi tiempo se agotaba, no sabía donde más buscar.

La víspera de la cuarta noche, salí de la universidad después de uno de mis últimos exámenes, iba repasando los correos y los wassap de mi teléfono, sin prestar atención a nada más, cuando un correo me llegó poco antes de bloquear y guardar el móvil en el bolso:

Buenos días, mi gaijin cabezota, ¿me echabas de menos?, Gokuro me ha dicho que te has portado como una buena niña, bien, tendré que pensar una recompensa.

Solo escribía para recordarte que regreso esta noche, espero un gran recibimiento.

Nos vemos.

¿Buena chica?, releí, ¿una recompensa?, cuanto más leía el correo de peor humor me ponía, y más ganas tenía de golearlo.

-¡Cuidado!- gritaron espalda, de repente unos fuertes brazos me sujetaron por la cintura- Por poco, señorita Marcos -me avisó el chico moreno de ojos negros que me sostenía.

Cuando logré enfocar la vista después del susto, me dí cuenta de que tenía justo en frente una de las grandes farolas que iluminaban el campus, y que el chico detrás de mí, me había evitado un buen golpe, y un ridículo seguro.

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-Muchas gracias, Kimura, iba tan distraída que no me dí ni cuenta –le agradecí con una sonrisa mientras esperaba a que me soltase, cosa por la que parecía no tener prisa- creo que ya puedes soltarme –insistí removiéndome inquieta.

-Oh! Perdona, tienes razón, no me dí cuenta –se disculpó soltándome de inmediato- espero que Toya no lo haya visto.

-¿Ver?, ¿por qué sería eso un problema? –pregunté sin comprender sus intenciones.

Kimura parecía algo incómodo, aún así contestó.

-Bueno, es de sobra conocida la actitud protectora que Toya tiene sobre ti, lo siento no quería decir, bueno, yo… -intentó disculparse en cuanto vio mi cara de disgusto.

-No importa, en serio –se veía tan arrepentido, que incluso empezó a darme pena- gracias denuevo por la ayuda, se hace tarde tengo que irme ya –me despedí con una pequeña inclinación.

Gokuro me esperaba como cada día, estuviese Toya o no el siempre atento y fiel chófer de los Mitsuki se ocupaba de llevarme a donde necesitase, empecé a pensar que me espiaba, o algo similar, porque siempre esta ahí, cuando salía del edificio el esperaba con el coche listo, y eso que nunca lo llamaba.

-Señorita Marcos, -me llamó Kimura, alcanzándome- ¿te apetecería venir conmigo a comer? –propuso.

-Gracias, pero no…

-Vamos, -insitió- te prometo que terminaremos pronto, y te acompañaré a casa.

-De verdad que no es necesario.

-Me lo debes, -expuso- te he salvado de un buen golpe, además por lo que veo, es la primera vez que Toya no anda cerca, ¿Qué tal si dejas que te enseñe otra cara de la ciudad?

Tan tentador, tan cierto, era la primera vez que podría disfrutar de un paseo con un compañero de clase sin tener que tener a Toya planeando alrededor, y Kimura tenía razón, me podría haber dado un buen golpe, además de que no me gusta tener deudas con nadie.

-De acuerdo, una comida –aclaré.

Después de avisar a Gokuro, Kimura me llevó a un precioso restaurante en Shibuya, la zona comercial, me lo estaba pasando realmente bien, hablar con él era muy agradable, era tan amable y gracioso, bajé por completo mis defensas; y sin darme cuenta se nos hizo de noche. Así que empecé a despedirme, pero siempre me interrumpía, no me dejaba ir, me estaba poniendo nerviosa, su mirada se había vuelto fría, no paraba de repasar mi cuerpo con sus ojos y a cada oportunidad me agarraba de donde podía; ni siquiera sé cómo acabamos en una de las zonas más vacías del centro, antes de poder evitarlo me vi arrastrada a un oscuro callejón.

 

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-Te has divertido, ¿verdad?- me susurró mientras me lanzaba sobre una de las paredes y me inmovilizaba sujetándome las muñecas sobre la cabeza con uno de sus brazos-. Ahora me toca divertirme a mí.

¿Qué se supone que iba a hacerme?, ¿por qué había cambiado tanto su personalidad?, me había engañado por completo, no esperaba ese cambio en su personalidad, nunca lo imaginé, solo quería disfrutar de una noche con un compañero de clase, lejos de todo lo que me rondaba, demostrar que podía cuidar de mí misma, que no era una niña indefensa.

De repente noté su mano moverse dentro de mi camiseta azul, mientras con su pierna hacía fuerzas para intentar separar las mías.

-¡NO! ¡BASTA! ¡SUÉLTAME! ¡AYÚDA!- gritaba tanto como podía pero aquello sólo parecía excitarle más, darle más fuerza, seguía forcejeando, mis muñecas dolían y si intentaba pegarle una patada lograría separar mis piernas.

-Da igual lo que grites, aquí nadie te oirá, ahora vamos a ver de qué estás hecha, ¿qué tiene tu cuerpo que ha convertido a ese mujeriego de Toya Mitsuki en hombre de una sola mujer?, aunque comienzo a entenderle, tu piel es tan suave, y tu solo aroma ya me pone de buen humor, lo notas, ¿verdad?- decía acercando aún más su cuerpo-. Vamos, preciosa, abre las piernas, estoy seguro de que lo acabarás disfrutando. -repetía una y otra vez mientras paseaba sus labios por mi cuello.

Ya no me quedaba voz, casi no me quedaban fuerzas, mis piernas temblaban, estaba tan asqueada del tipo que tenía justo delante, tenían tanto miedo. “Toya”, eso era lo único que había en mi mente, ¿por qué no estaba allí?, ¿por qué no venía a salvarme?, juró que me protegería, ¿no?, donde estaba ese mujeriego, donde se metía cuando realmente hacía falta.

Él no vendrá, no llegará a tiempo”… pensaba mientras seguía gritando hasta perder la voz.

-¡TOYA!- grité llorando- ¡TOYA!

-Da igual cuanto lo llames, no…-

El ruido de una lata rodando sonó en el callejón, las manos de Kimura pararon al instante, miraba desencajado hacia la salida de la calle, de la nada una sombra de ojos dorados se acercaba a él. Sólo cuando se colocó bajo una de las farolas pude ver la figura de un enorme lobo gris de ojos dorados que peligrosamente se acercaba a mi agresor enseñando sus colmillos.

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El lobo se lanzó directamente sobre Kimura haciendo que me soltara de inmediato y dejándolo tirado en el suelo, aún conmocionada vi como aquel hermoso lobo se aproximaba a mí, sus ojos dorados eran tan profundos, reflejaban tanta preocupación y  a la vez reproche, como si dijeran “ ya te lo dije”. Podría ser que fuera… no pude evitar lanzar mis manos hacia delante para agarrarme al cuello del animal, estaba segura aquella calidez era la misma que la de mi pequeño lobito, sin duda era Toya, despacio lamió mis lágrimas, fue como si las manos de Toya secaran mi cara.

-Maldito chucho -gritó Kimura, se había recuperado sin que me diera cuenta y, alzando una barra de hierro, logró golpear al lobo. Mi grito resonó en toda la avenida, aún así parecía que no se daría por vencido-. No voy a dejarte ir tan fácilmente, me da lo mismo si te protege Mitsuki o un perro sarnoso, serás para mí- repetía con rabia mientras intentaba besarme.

Logré sujetarlo pero no podría aguantar por mucho tiempo y Toya no se levantaba, palpé en el suelo intentando buscar algo con que defenderme, hasta que mi mano dio con la tapadera de aluminio de uno de los contenedores del callejón, no me lo pensé y lo golpeé tan fuerte como pude en la cabeza. Kimura cayó hacia atrás esta vez parecía que no se movería por un rato.

Tan rápido como mi cuerpo me lo permitió me acerqué a Toya, su respiración era normal, pero una de sus patas delanteras estaba sangrando, no parecía que estuviera rota. Me alivió tanto.

-¿Gokuro?- dije cuando respondieron al móvil al que llamé-. Necesito que vengas a buscarme.

Poco después, tanto el lobo como yo estábamos en el Land Rover negro. Acariciaba su cuello con cuidado, intentando que estuviera lo más tranquilo posible, le pedí a Gokuro que lo llevara a un hospital, o con un médico, pero me dijo que no sería necesario, que la herida no era grave y que todo lo que necesitaba era descansar.

-Esto se parece a aquella vez en el parque, ¿cierto, señorita?- me preguntó Gokuro mirándome a través del espejo retrovisor.

-La vez que aquel pequeño lobo se puso delante de mí para evitar que fuera golpeada por una pelota extraviada; aquella vez también lo llamé a usted antes que a nadie- recordé-.  ¿Desde cuándo sabía que era yo?

-Lo intuí, señorita Sáez, sus ojos verdes siempre dejan huella. -me confesó- La cuestión es: ¿por qué ha vuelto?

-Por lo visto, para causar problemas a todo el mundo –asumí agarrando con fuerza el pelaje del lobo, esperando que despertara.

-Señorita…-se paró de golpe, pensando con cuidado cada palabra- mi deber es servir y proteger a los Mitsuki, de ello depende mi honor, por eso solo puedo decirle esto: su destino está unido al lobo que sostiene en su regazo, a él y a los suyos, la he observado durante estos dos meses buscar información donde no debía, encuentre la leyenda de los Siervos de la Luna, quizás eso la ayude.

Escuché con detenimiento cada palabra, sabía que lo que le había costado contarme aquella pequeña pista, confesar que me había estado espiando todo este tiempo, yo supe desde niña que la familia de Toya era especial, era diferente, lobos que podían tomar forma humana, o quizás hombres que podían tomar forma de lobos, sin embargo, no había sido hasta esa noche que no conocí su nombre: Siervos de la Luna, mi primera pista, la única que necesitaba.

-Gracias, -susurré.

-Solo una última cosa, yo no he sido el único en dudar sobre su identidad, fue el señor Toya el que me pidió que la vigilara, que descubriera si sus sospechas estaban en lo cierto.

-Y aún así, no le has dicho nada –afirmé.

-No, debe tener un motivo para haber vuelto con otra identidad, y sea la que sea, respetaré esa decisión –dijo, cogiéndome por sorpresa- sin embargo, mi joven señor empieza a sentirse confuso, e inquieto, por favor no alarguéis esto demasiado.

Únicamente pude asentir, sabía que Gokuro tenía razón, que no podría llevar la farsa demasiado lejos, y menos después de lo de hoy.

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