Doce de la noche

¡Buenas noches!, ¿qué tal el capítulo de la semana pasada?, ¿preparados para más?.

La razón por la que Gabriela regresó a Japón vuelve a aparecer, esa voz de mujer que escuchó en el avión, se hace cada día más fuerte, pidiéndole cosas que no entiende, forzándola a tomar una decisión, sin saber por qué, y tendrá que lidiar con ella lo mejor que pueda, porque esa voz oculta algo, un objetivo que solo servirá para hacer daño, a su reencontrado lobito gris.

Karem Belt.

Esta noche os dejos algo de música para acompañar el capítulo, buena semana y hasta el domingo.

4

 

Doce de la noche, la luna creciente estaba en lo más alto, salí al pequeño balcón para poder disfrutar de las vistas nocturnas, era una delicia vivir en pleno campus universitario, todo lo que había a mi alrededor eran edificios de entre diez y doce plantas de altura, revestidos de acero y vidrio que servían de residencia a los universitario de la ciudad. No había ruido en la calle, era pura tranquilidad, un ambiente excelente para dedicarse al estudio, los edificios en frente mío tenían las luces encendidas a pesar de ser tan tarde, casi podía imaginar a cada uno de sus inquilinos frente a un libro o al ordenador listos para devorar más materia de estudio, al igual que debería estar haciendo yo, y en lo único que pensaba era en él, en como evitarlo, en huir.

Me era prácticamente imposible centrarme en nada, cada vez que mi mente perdía el hilo de la realidad recordaba su sabor, el calor de su labios, y esa voz, la voz aguda de una mujer lanzándome al abismo, llenándome de miedo. Ese beso fue el principio de una cuenta atrás, de algo para lo que todavía no tenía respuestas, y que solo me dejaba clara una cosa, tenía que mantener las distancias, y mi falsa identidad.

4.1

Llevaba casi tres semanas en Japón, tres semanas viviendo en aquel apartamento bajo el nombre de Gabriela Marcos, con la intención de descubrir cuál era el motivo de que una susurrante voz de mujer hubiera estado metida dentro de mi cabeza mientras era niña, una voz que me hacía desaparecer, que me pedía algo que no podía recordar.

Sin embargo, mis planes se vieron seriamente alterados con la presencia de Toya, su insistencia por estar en todas partes, a cualquier lugar al que iba él venía, siempre cerca, demasiado cerca.

Tenía un plan, usar mi condición de estudiante, mi tesis sobre historia de Japón para acceder a todo lo pudiese sobre mitos, leyendas, cualquier cosa que hablase sobre situaciones similares a la mía, no sabía con seguridad qué buscar, solo que en algún momento encontraría algo que me diera respuestas. Aún así era más difícil de lo que en principio llegué a pensar, las preguntas crecían al mismo ritmo de los amplios volúmenes sobre el escritorio.

Volví a entrar en mi apartamento dispuesta coger con energías renovadas los volúmenes  de historia del Japón, pensaba estudiar un par de horas más e irme a la cama, pero en algún momento el sueño pudo conmigo y acabé tirada en el sofá, supongo que habría terminado por despertarme ahí tan pronto como el sol hubiese salido por la mañana. De repente, algo interrumpió mis sueños de nubes de algodón y manzanas de caramelo en la feria de verano.

4.2

 

Un ruido en la cocina hizo que me despertara de golpe, sobresaltada, me quedé sentada con las piernas sobre el sofá, muy quieta, esperando cualquier otro ruido, ni un ruido, por lo que acabé creyendo que había sido simplemente fruto de mi imaginación. Bajé los pies del sofá para irme  a dormir convencida de que allí no había nadie más que yo, hasta que me llegó otro pequeño ruido: de un armarito abriéndose de golpe, sin cuidado ninguno, como si no le importara ser atrapado, no pude contenerme, me levanté de un salto con una de las enciclopedias en las manos preparada para tirársela a cualquier intruso a la cabeza, me moví despacio bordeando el sofá  que separaba la cocina del comedor, de puntillas con el libro en alto, acercándome sigilosamente a la sombra que hurgaba dentro de mi nevera, hasta que quedé paralizada a escasos centímetros de él.

-¿No te queda zumo? –preguntó con descaro la sombra sacando la cabeza de la nevera, llevaba un bollo de chocolate en la boca y con la mano sujetaba el brik de leche- qué raro siempre tienes de ese extraño zumo de grosellas y frambuesas –dijo cogiendo un vaso del estante de arriba mientras cerraba la nevera con la rodilla.

-¿Cuándo?, ¿Por dónde? –preguntaba de forma atropellada al atraca-despensas que tenía frente a mí, ojos dorados, tan profundos y cautivadores como la propia luna- ¡TÚ! –exclamé ante la tranquilidad de Toya, dejando la enciclopedia con un golpe seco sobre la encimera- ¿qué demonios haces aquí a estas horas? –tuve que agarrarlo del cuello de su suéter blanco para bajar su cara hasta mi altura, justo en ese momento su cabello se desplazó hacia delante cubriéndole parte del rostro, dejando a la vista solo uno de sus ojos color caramelo, en los que siempre acababa perdida mirando mi propio reflejo y su triunfante sonrisa de cazador.

-Te ves muy bonita cuando duermes –me respondió mientras apoyaba su frente sobre la mía y acariciaba mi mejilla- me ha costado horrores no besarte –confesó de una manera tan directa que no pude evitar sonrojarme, mientras que de un salto me quitaba de su alcance retrocediendo hasta apoyarme en la mesa de la pared opuesta- aunque esa cara tuya, toda roja y avergonzada, es aún más deseable –continuó avanzando hasta mí, colocando sus brazos sobre la mesa.

Vi sus ojos fijarse en mis labios, y la intención de volver a repetir el beso que compartimos mi primer día en Tokio,  retiré mi rostro mientras lo sujetaba por el pecho, intentaba contener el nerviosismo, mantener el control, cerré los ojos con fuerza, pensando que todo aquello pasaría pronto, que no era más que otra broma, pero mi corazón latía tan deprisa que pensé que iba a darme un infarto, y sentir su aliento en mi cuello no era de ayuda para sosegarme.

-Te ves realmente hermosa cuando está nerviosa- le oí pronunciar antes de que sus labios rozaran mi mejilla- y no quiero que ningún otro chico vea esta cara –susurró con una voz tan seria, tan grave, que me hizo girar la cabeza de golpe, para encontrarme con sus ojos, para perderme en ellos.

Ahora” gritó esa voz de mujer en mi cabeza, “es tu momento mi niña, toma su debilidad como tu fuerza, tómalo a él, vamos…ahora…” insistió.

No de nuevo, por favor, no otra vez” rezando para que la voz se fuera, para que se durmiera.

-Basta –pedí, aunque mi voz sonó muy débil.

Sin embargo, al abrir los ojos  Toya seguía ahí observándome, esta vez sin sonrisa,  preocupado, lo veía en su cara, en sus ojos, en las intenciones de sus manos de volver a atrapar mi rostro

-Basta de juegos, por hoy, no tengo fuerzas para esto –le exigí agarrando sus manos y escapándome de él, para poder ir a sentarme al sofá, él detuvo mi huida sujetándome por el brazo y forzándome a mirarlo a la cara un “¿estás bien?” se podía leer con claridad en su expresión– estoy bien -respondí antes de que preguntara con la mejor de mis sonrisas- ¿vas a decirme ahora qué haces aquí?.

Necesitaba cambiar de tema, ahora que la voz no era más que un eco, ahora que mi cuerpo volvía a responderme.

-Acabo de llegar –me contestó escuetamente saliendo al balcón- perdí mis llaves así que pensé que podría quedarme aquí –insinuó con una melosa voz que no lograría convencerme, me limité a colocarme a su lado, apoyando la espalda en la barandilla- tomaré tu silencio como un sí –aquella muestra de confianza me provocó la risa.

cap 4.1

-Creo que no –contesté rotunda- tu balcón está abierto, salta –dije sin más.

-¿Qué?, eso es muy cruel,  ¿quieres que un joven y apuesto hombre como yo salte de un balcón a otro en una décima planta? –insistió con voz infantil, mientras ponía ojitos de cachorro, aquello no que quedaba para nada, y no era la primera vez que usaba ese truco- vamos, –el tono de su voz cambió, se volvió serio, y atrayente, casi como un mensaje hipnótico que no podía  ignorar, mi piernas no me respondían, todo mi cuerpo estaba hecho un flan, y solo por una frase suya, un cambio en su voz y era incapaz de alejarme, ni siquiera recuerdo como llegué a estar pegada a su cuerpo, rodeada por sus brazos- déjame quedarme aquí –susurró- seré un buen chico, te prometo que no muerdo –noté sus manos apartar mi cabello de la espalda, hasta sostenerme por la nuca- casi nunca –mis ojos volvían a estar reflejados en los suyos, volvía a estar presa de él, de su encanto, yo intentando alejarlo, y él no hacía más que acercarse cada vez más.

Tomé su cara entre mis manos, acercándome despacio a sus labios, sus brazos me rodearon con más fuerza por la cintura, estaba temblando, notaba su impaciencia, era divertido provocarle, …si tan solo esa maldita voz se alejara de mi cabeza, yo… simplemente todo sería diferente, pero mientras no fuera así nada pasaría entre nosotros, y desde luego no volvería a besarle.

-¿No fuiste tú quien dijo que podrías saltar de un balcón a otro sin problemas? –pronuncié justo sobre sus labios, provocando que abriera los ojos de par en par para ver cómo me alejaba y escapaba de sus manos- vete a casa, quiero irme a dormir, mañana tengo examen –le pedí encerrándome en mi cuarto.

Pocos minutos después escuché la puerta de mi apartamento abrirse, solo entonces me dejé caer en la cama, dejando que Morfeo me llevase al reino de los sueños hasta que el despertador sonó. Olía a café recién hecho, “no es posible” pensé mientras abría la puerta del dormitorio.

Too early

-¡Buenos días! –oí exclamar con una exagerada energía, a Toya enfundado en su traje negro y peinado hacia atrás, con uno de mis delantales puestos, mientras servía café en una de las tazas de la mesita del comedor.

-¿!Pero qué…!? –grité desde la puerta apoyándome en el marco para evitar caer al suelo por la sorpresa- ¡Qué haces! –exclamé avanzando a zancadas hasta él.

-El desayuno –respondió con tanta seriedad que se me doblaron las rodillas y caí al suelo- dijiste que estabas cansada y que hoy tenías examen es lo mínimo que puedo hacer después de robarte tiempo de tu precioso sueño anoche –demasiada sinceridad, debía ocultar algo, estaba segura- además quería ver tu cara recién levantada –dijo tranquilamente con una amplia sonrisa- y también es preciosa –sus labios rozaron mi mejilla.

-¡Deja de hacer eso! –le advertí al tiempo que me alejaba de un salto, él se quedó quieto, observándome, con una amplia sonrisa- ¿No te rindes? –pregunté en un inútil intento de crear una esperanza de que este acoso terminaría.

-No, cuando sé que voy a ganar –respondió tajante,la seguridad de sus palabras y la seriedad de sus ojos, hicieron que mi piel se erizara, iba enserio y eso me asustaba.

Va a ser muy difícil, mantenerse alejada “, pensé mientras tomaba la taza de café en mis manos.

-Date prisa, o llegaremos tarde a tu examen -insistió.

Otra rutina más, otro momento más que se convertiría en una costumbre, cada mañana, Toya estaba allí antes de que yo me levantara, con el desayuno listo, con sus insistencias, y poniendo las cosas difíciles.

Cuanto más tiempo pasábamos juntos, más complicado era ocultarle quien era en realidad, sobre todo cuando se quedaba mirándome después de decir alguna frase, o de comentar algo que no podía contener, en esos momentos me observaba como si yo fuese una persona totalmente diferente, alguien que ya conocía,  todo eso mientras sentía un pequeño reloj dentro de mí avisándome de que la cuenta atrás había comenzado.

Aunque la pregunta seguía siendo, ¿la cuenta atrás para qué?.

Anuncios

Deja un comentario, ¡es gratis!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s