Cuando las maletas se deshacen, la diversión llega

¡¡Buenas noches!!, llegamos con el segundo capítulo.

Gabriela se ha decidido averiguar que era aquella voz que la llamaba de niña, está preparada para afrontar las consecuencias, o al menos de eso intenta convencerse, pero ¿qué pasará cuando la última persona con la que esperaba encontrarse regrese a su vida?, ¿qué pensará al descubrir que las cosas ya no podrán volver a ser lo que eran?.

¿Queréis saberlo? Entonces continuad conmigo, porque cuando las maletas se deshacen, la diversión llega.

Karem Belt

cap 2

2

En apenas unas dos horas de trayecto el coche estaba en el aeropuerto, me despedí de los míos, intentando que mi madre llorara lo menos posible. Ahora tocaba esperar, en siete horas estaría en mi nueva vida.

“Por fin vuelves a mí, mi dulce Gabriela, ahora seremos una, ahora podré entregarte mi poder”

Desperté sobresaltada y empapada en sudor, ¿me había quedado dormida?, esa voz, la misma que oía de niña, la misma por la que me fui y por la que regresaba, estaba ahí de nuevo, como un eco en mi cabeza que iba tomando fuerza, poco a poco.

-Señorita, ¿se encuentra bien?- me preguntó una de las azafatas al ver mi rostro pálido. Asentí con una falsa sonrisa- .Póngase el cinturón, vamos a aterrizar.

 cap2.2

Pocos minutos después esperaba junto a la zona de equipaje, tomé mi Sony Xperia para mandar un mensaje a casa, estaba segura de que mi madre no se quedaría tranquila hasta que recibiera confirmación de que había llegado sana y salva. El “tic” del whatsapp me advirtió de que el mensaje había sido leído al mismo tiempo que una sombra se reflejó en la pantalla de mi Smartphone. Levanté la vista al hombre que permanecía parado frente a mí, vestido con traje de chaqueta negro, camisa blanca y corbata.

Lo reconocí de inmediato, a pesar de que el tiempo hubiera acabado por llenar su cabellera de canas y sus ojos rasgados estuvieran marcados por las arrugas.

-¿Gabriela Marcos?- preguntó con una leve inclinación.

-Sí – respondí imitándolo, ocultando al mismo tiempo la sorpresa por verlo de nuevo.

-Mi nombre es Gokuro, me envía el señor Mitsuki a recogerla y llevarla a su apartamento. Si me deja su equipaje-se presentó mientras extendía la mano para coger mi maleta.

Solo llevaba dos trolleys conmigo, el resto había sido enviado directamente al apartamento que la universidad me asignó.

Gokuro me acompaño hasta el aparcamiento donde un Land Rover negro esperaba. Me quedé perdida mirando cómo la oscuridad de la noche era dejada atrás cuanto más nos acercábamos a la ciudad, los grandes edificios y las luces destacaban, llenándolo todo de luz artificial, mientras dentro del vehículo un tranquilo silencio me permitía poner en orden mis ideas.

– Señor Gokuro, agradezco que el señor Mitsuki se preocupara en venir a recogerme, pero habría logrado llegar por mi cuenta.

-El señor Mitsuki jamás habría permitido que una joven anduviese sola por calles que no conoce -me respondió demostrando la más absoluta convicción en la voz-. Si me lo permite, ¿ha estado antes en Tokio, señorita Marcos?

-No… no realmente, una visita corta, hace mucho tiempo -tartamudeé escondiendo mi rostro, mientras sus ojos me vigilaban por el retrovisor.

-Curioso, tiene muy buen manejo del idioma, incluso me atrevería a decir que cierto acento -insistió sin creerse del todo mis escusas.

Le agradecí la observación con una pequeña sonrisa, al mismo tiempo que volvía a mirar por la ventana del coche. Gokuro siempre fue un hombre observador, era parte de su trabajo, reconocer a la gente, vigilarla incluso, todo para proteger a la familia a la que servía, guiado por un código de honor que hablaba de tradición, y tendría que esquivar la suspicacia de ese viejo chófer si quería evitar ser descubierta.

Mi verdadero nombre era Gabriela María Sáez Marcos, no obstante, durante mi estancia en Tokio usaría los apellidos de mi madre, con la esperanza de que ni el señor Mitsuki ni nadie de su entorno fuesen capaces de reconocerme, era la mejor manera que se me ocurrió para poder averiguar el origen de la voz que había regresado a mis sueños.

-Ya hemos llegado -anunció Gokuro cuando estacionó el coche frente a un bloque de apartamentos de nueva construcción- . La acompañaré hasta su apartamento -me indicó mientras abría la puerta del coche.

La corta advertencia logró sacarme de mi ensimismamiento, justo en el momento en el que abría la puerta para que saliera.

-Gracias.

cap 2.3

Hacía tiempo que no veía un edificio como aquel, con doce pisos de altura. Era una gran estructura de hormigón, acero y cristal, un edificio inteligente, cuya entrada era de cristal opaco y la forma de acceso era un panel por el que cada apartamento tenía un código de entrada, nada de llaves, ni otros elementos físicos.

Esperé mientras Gokuro me explicaba el funcionamiento de la entrada y me acompañaba en el ascensor hasta mi parada.

Mi apartamento estaba en décima planta, era el último de la izquierda, el de menor tamaño, con un pequeño recibidor con suelo de mármol y el resto del piso de tarima. El tener que quitarme los zapatos para poder entrar en la casa me traía buenos recuerdos, aunque no podía demostrarlos. El apartamento se componía por un salón amplio con cocina integrada en el ambiente, un balcón que daba a la calle de la entrada, un dormitorio y el baño. Era pequeño, pero más que suficiente para una persona sola.

Gokuro dejó las maletas en el comedor y me pidió que lo acompañara un momento, le seguí hasta el apartamento contiguo al mío, al cual llamó. Desde dentro la voz de un hombre respondió, sin embargo, la puerta fue abierta por una mujer, no muy alta, de cabello y ojos negros, delgada.

-¿Querían algo?-preguntó despectivamente al verme.

-Ya vale, pasa dentro, ¿quieres?- pidió el hombre que respondió al timbre.

Quedé paralizada al verlo, sobre todo al ver sus ojos dorados.

Era un hombre de unos veinticinco años, de un metro ochenta aproximadamente, atlético, de cabello negro, ojos rasgados y dorados, con una mirada tan profunda como la propia noche, tan cautivadora como la luna. No podía apartar mi mirada de sus ojos, me tenían hipnotizada, eran tan atrayentes y a la vez tan familiares.

-¿Gokuro? Qué ocurre, son más de las once, ¿a qué has…- no preguntó nada más sus ojos se fijaron en mí, su mirada parecía atravesarme, creí que me desmayaría si seguía mirándolo, tuve que apartar la vista. En sus labios se dibujó una atractiva sonrisa.

-Señor Toya-dijo Gokuro haciendo que mis ojos se abrieran de par en par- , vuestro padre os pidió que acompañarais a la señorita Marcos durante el día de mañana para que no se pierda en el campus, sólo quería presentárosla y recordároslo.

Toya, aquel hombre era Toya, el niño con el que jugaba, aquel enclenque era ahora este hombre, ¿cómo?, ¿cuándo había cambiado de esa manera?

-Está bien, Gokuro, no se me olvidará, nunca olvidaría a una muchacha tan hermosa- indicó provocando mi sonrojo- . Soy Toya Mitsuki, el hijo de Keizo, es un placer.

-El placer es todo mío -contesté rápidamente-. Mi nombre es Gabriela Marcos, siento los inconvenientes.

De nuevo apareció en su cara esa sonrisa, entre burlona y atrayente, no podía dejar de mirarlo, yo sabía muy bien quién era, lo recordaba demasiado bien, mi infancia estaba marcada por su recuerdo, sin embargo, para él en ese momento no era más que una carga impuesta por su padre, y aunque una parte de mí quería gritar: “¡Sorpresa, he vuelto!”, una intuición, un presentimiento dentro de mí me decía que lo mejor era que no supiese nada, pese a que no me gustase el hecho de que me hubiera olvidado, de momento era lo mejor, o al menos de eso trataba de convencerme.

-¿Te parece si te ayudo a acomodarte?, así te enseño cómo funciona todo-apuntó Toya cerrando la puerta de su apartamento- . Puedes irte, Gokuro.

Éste se inclinó levemente y fue directo al ascensor.

Miré sorprendida como el chófer acataba la orden sin rechistar, y maldije en voz baja para que no pudiera escucharme, no podía quedarme sola con él, eso sería simplemente un problema.

-Pero tienes compañía, no sería adecuado que la dejaras sola, tu novia podría enfadarse.

Tenía que evitar que entrase a mi apartamento, que nos quedásemos solos, pero él se limitó a sonreír y a mirarme sin apartar sus ojos de los míos, con la mirada de un cazador sobre una presa nueva.

-No te preocupes, no es mi novia, además tengo el deber de ayudarte, eres la protegida de mi padre después de todo – insistió mientras entraba en mi apartamento delante de mí.

-Pero, aun así, no creo que sea correcto que…

Mi voz se trabó, no pude continuar hablando. Sin saber cómo, se giró hacia mí, dejándome acorralada, pegada a la puerta de la entrada, con sus brazos a ambos lados de mi cuerpo, inclinado hacia delante, con esos ojos fijos en mí. El corazón me iba tan acelerado que estaba segura de que él lo escuchaba, no era capaz de pensar, sólo distinguía su mirada de cazador…

-¿El qué no es adecuado?, ¿de qué tienes miedo? -su voz rezumaba ironía y burla, y al mismo tiempo era tan grave, suave, como si un velo de terciopelo recorriera mi piel con cada palabra.

Yo no lograba reaccionar, ni una palabra salía, su rostro estaba cada vez más cerca, y de pronto tan rápido como se acercó, se alejó entrando en la cocina. Mi pecho latía tan deprisa que creí que me colapsaría en ese mismo instante, aún con las piernas temblorosas le seguí, quedándome pegada a la pared, junto a la entrada, intentando poner algo de espacio entre los dos.

cap 2.4

-La nevera está llena, y los estantes tienen todo lo que puedas necesitar-me mostró abriendo los armarios- .El calentador del agua es bastante fácil de encender, pero si no te acercas no verás cómo es – insistió de nuevo con ese tono irónico y cautivador.

Me separé de la pared sin tenerlas todas conmigo, sin fiarme del brillo que se mantenía detrás de sus ojos dorados, y me puse a su lado para ver sus instrucciones, Toya me agarró del brazo y me colocó justo delante de él con sus brazos a ambos lados de mí, sentía su aliento en la nuca y el calor de su cuerpo, sabía que me estaba explicando algo.

“Abrir una llave, bajar una pestaña…¿Cómo demonios iba a prestarle atención si sólo podía oír la sangre agolpada en mis sienes?”

-¿Lo has entendido?- me susurró aún con las manos sobre la taquilla de la cocina-, sino puedo volver a explicártelo- dijo mientras tiraba de la goma que recogía mi cabello.

-No es necesario, lo he entendido- mi voz temblaba como el resto de mí.

Salí de sus brazos como pude colocándome al otro lado del sofá, esperando que este me protegiera de él.

-Bueno, ¿entonces te parece si te enseño cómo funciona la ducha?- preguntó con ese tono de cazador al tiempo que se apoyaba en el respaldo del sofá.

-¡No! -contesté casi gritando y presa de los nervios-. Lo averiguaré yo sola, gracias.- no podía creer que aquel hombre fuera el niño que yo conocía, no había nada en él de lo que yo recordaba.

Sin esperarlo comenzó a reírse.

-Vamos, no te lo tomes así, es realmente fácil tomarte el pelo -me advirtió, observándome fijamente-: vas a ser toda una atracción en la universidad.

“¿Qué demonios estaba diciendo? “

-¿Acaso no te has mirado en un espejo?, una occidental, de cabello negro, largo, rizado, con los ojos verdes, con la estatura justa para que cualquier hombre pueda tomarla entre sus brazos, llamarás la atención incluso sin proponertelo, y lo que es más obvio…-expuso mirando directamente a mi busto.

Notaba sus ojos dorados fijos en mí, como si pudiera ver a través de mi ropa, no pude evitar cubrirme el pecho con los brazos. ¿A qué venía todo eso? Yo no estaba acostumbrada a esa forma de ser, el hombre que tenía delante mí no se parecía en nada al niño con el que yo jugaba, él era amable, tierno, considerado, siempre de mi lado; pero él no, mi pequeño lobo había crecido para convertirse en… ¿en qué?

-Además, si muestras esa actitud sumisa y de muchacha avergonzada, serás aún más llamativa para todos- insistió al tiempo que saltaba y se sentaba en el sofá como si fuera a quedarse-. Aunque he decidido que no voy a dejar que nadie te toque, no te preocupes, yo te protegeré- concluyó al tiempo que tiraba de mí hasta lograr besarme en la mejilla-. Nos vemos mañana- se despidió con una gran sonrisa.

Apenas escuché la puerta al cerrarse, todo en lo que podía pensar era en repasar lo extraño de la situación una y otra vez, intentaba descubrir si no había sido más que una broma y que al día siguiente todo sería totalmente diferente, que no tendría que enfrentarme a ese Toya que me era tan desconocido, porque sinceramente, no estaba segura de poder.

Me quedé tirada en el sofá durante no sé cuánto tiempo, esperando simplemente que mi corazón se calmase, me incorporé exasperada por darle tantas vueltas a lo mismo, y me fui directa al baño esperando que una ducha pudiera eliminar la frustración.

cap 2. 5

-¡Atchús!- estornudé mientras, envuelta en mi albornoz, me secaba el pelo asomada al balcón, observando la vista de todas aquellas luces, del cielo nocturno- ¡Atchús!- volví a estornudar. Al final me acabé duchando con agua fría por su culpa- ¡Ah! Quién diablos va a prestar atención a nada si me enseña de esa manera- dije en voz baja pasando la toalla por mi cara para intentar enfriar mi rostro.

Por suerte, septiembre en Tokio no era demasiado frío, aún se notaban las temperaturas del verano.

-No deberías salir así al balcón, en este vecindario hay muchos mirones- oí a mi izquierda.

Sorprendida, me giré hacía aquella voz que recocí enseguida, Toya estaba asomado a su balcón, sin más iluminación que la luna, sus ojos parecían más llamativos que nunca, la luz nocturna se reflejaba en su piel clara, su pecho estaba descubierto, sin llevar nada más que nos pantalones ligeros, y una pequeña toalla al cuello, su cabello negro estaba húmedo, como si también hubiese tomado una ducha, no pude evitar fijarme en cada línea de su cuerpo, en sus hombros anchos y definidos, sencillamente en lo diferente que era ahora, más grande, más fuerte, más…todo. Cada minuto que pasaba me ruborizaba más. Oculté mis mejillas con la toalla mojada, dejando que mi cabello cayera sobre mi espalda, y entonces la luz de la luna me mostró que ahora era él quien me miraba fijamente, quien repasaba mis rasgos como si los memorizase, casi como si esperase ver a otra persona o reconocer en mí a alguien más, y eso me asustó, porque temí que descubriese la verdad; por un minuto no había burla en sus ojos, no era una presa nueva con la que matar el aburrimiento, simplemente era como si por primera vez viera más de mí, más de lo que era, no pude evitar sonreír ante el cambio de actitud, sin embargo, duró poco.

-Gracias por la advertencia señor Mitsuki- contesté sonriente- pero creo que los mirones de otros edificios son el menor de mis problemas ahora mismo- añadí con cierta ironía mientras me apoyaba sobre la barandilla del balcón.

-Vaya, ¿y esa reacción tan desafiante?- preguntó con indiferencia- ¿Te sientes más segura porque estás en ese balcón y yo en éste?- Mis ojos se abrieron por completo por la sorpresa al ver expuestos mis pensamientos-. Lo sabía, deberías fijarte mejor, apenas hay un metro de un balcón a otro, con una simple zancada estaría ahí- decía a la vez se subía sobre la barandilla dispuesto a saltar, en ese momento…

-Toya, vuelve a la cama, me estoy enfriando- la voz de la mujer que antes me abrió la puerta llegó desde la puerta abierta de su balcón.

-Será mejor que regreses, Romeo, te están esperando-le espeté al tiempo que entraba en el comedor.

Me aseguré de que había cerrado bien todas las puertas del apartamento y para dejarme caer sobre la cama con el albornoz puesto.

¿Por qué tenía que molestarme tanto toda aquella situación? Era lógico que Toya tuviera una novia o amante o lo que fuese esa mujer y aun así, me sentía tan irritada que quería irrumpir allí y golpearlos a ambos, era desquiciante sentirme de esa manera cuando en realidad no tenía ningún derecho. Me dejé arrastrar por el cansancio esperando que mis sueños fueran más tranquilos esta noche y que al menos, lograse quedarme al margen de Toya y su nueva vida.

“-¿Por qué tienes que irte?, me prometiste que no te irías nunca.- me recriminaba un Toya de diez años con los ojos llorosos.

-Lo siento -respondió mi yo de seis años con la mirada fija en el suelo-, mi mamá dice que debemos volver.

-¡NO ME IMPORTA CUÁNTO TIEMPO PASE, SIEMPRE ESPERARÉ POR GABI, GABI ES MÍA, NO QUERRÉ A NADIE MÁS QUE A GABI!- me gritó el pequeño Toya con una gran determinación en la mirada- Yo siempre esperaré a que vuelvas- me susurró al tiempo que me abrazaba-, porque yo amo a Gabi- confesó antes de besarme”

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