¿A qué esperas?, ¿no soy tu cena de hoy?

¡Hola!, ya llegó el domingo, sí, y aquí estoy con un jugoso regalo.

Todo tiene un comienzo, un principio, pequeñas chispas, imágenes, una melodía, todo influye a la hora de crear algo nuevo, y… hoy os traigo ese inicio.

Baile de Máscaras“, el proyecto más largo que he escrito hasta ahora, una historia que me cogió totalmente por sorpresa, y que acabó siendo algo muy diferente a lo que me esperaba, donde vi a mis personajes, crecer, cambiar, y pasar lo suyo, en un escenario que formaba parte de mi día a día, por aquel entonces.

Bien, pues esa historia, empezó en un relato corto para un concurso, en el que no hubo suerte, pero a otras voces les hizo ilusión que extendiera la historia y así fue como nacieron: Pandora y Darío.

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¿Queréis conocer la idea que lo empezó todo? Entonces, dejad que os cuente lo que una mascarada, una villa renacentista, y una muchacha perdida, pueden tener en común.

 

Nunca pensé que mi vida daría semejante cambio de una manera tan inesperada, a los veintiún años, solo esperaba concluir mi viaje a Venecia, nada me hizo imaginar, que aquello se convertiría en el final, y todo por un baile, por una invitación  de manos de la única amiga que tenía.

Oportunidades como esta pasan solo una vez en la vida, deja de pensar tanto y acepta, Pandora”

Era el quinto mensaje idéntico con el que me encontraba en  el buzón de voz de mi móvil en solo dos días,  realmente no me importaba lo insólito que fuese lograr una invitación para ese baile, me quedaban poco más de dos semanas de mi estancia fuera de casa y quería que fuera lo más tranquila posible.

Sin embargo, el sexto intento por convencerme, fue imposible de rechazar,  esta vez el mensaje vino en forma de regalo, un paquete de una de las modistas más prestigiosas de la ciudad, dentro, un vestido de raso y encaje en colores morados y negros, un traje al más puro estilo victoriano acompañado de un antifaz simple.

Te recogeré a las 9:00” rezaba la nota en su interior.

-¿Preparada? –preguntó la chica que había parada frente a la puerta de mi habitación.

-¿Tengo otra opción? –respondí ajustando el antifaz a mi rostro.

-Vamos, será divertido –me aseguró.

El lujoso coche que vino a recogernos, nos llevó hasta el lugar de la recepción, una hermosa villa renacentista a las afueras de la ciudad, sobre uno de los promontorios, estaba rodeada por un espectacular jardín en forma de laberinto, al mismo tiempo que estatuas de mármol se cruzaban en la entrada.

Corregí de nuevo el antifaz, estaba nerviosa, aquel no era mi ambiente, y que la gente pareciera observarme, a cada paso que daba por el gran salón del palacio, no ayudaba, intentaba distraerme, fijando la vista en cualquier parte, en sus paredes, en la gran lámpara de araña del centro, en los invitados bailando frente a la pequeña orquesta. Todo era como el escenario de una película, como si estuviésemos en otra época. Con todo y con eso, mis nervios no menguaban, me sentía atrapada, el aire se me escapaba, no llegaba a mis pulmones, quería salir de allí, pronto, rápido.

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Me giré a mi espalda en un intento por pedir ayuda a mi acompañante, sin embargo, ella ya no estaba.  Mi vista recorrió la sala hasta dar con ella, justo tras la orquesta donde había dispuesta una tarima con tres asientos, de los cuales solo uno estaba ocupado, por un hombre con el que mi amiga conversaba, como si preguntase por alguien, al mismo tiempo que me señalaba.

Una punzada de miedo se coló en mi mente, añadiéndose a mi mal presentimiento, no me sentía segura, no estaba a salvo, mi instinto me pedía que corriera, que saliera de allí, y aún así, algo me decía que no habría lugar donde esconderme, no ahora que había entrado en la boca del lobo.

Retrocedí con lentitud, tratando de no tropezar, buscando la puerta por donde entré, sin dar con ella, pero mis sentidos reconocieron una brisa, y mis pies la siguieron, logré salir al jardín principal de la villa, suspendida sobre lo más alto de la escalinata de acceso, apoyando las manos sobre la maciza balaustrada, tratando de lograr eliminar el pánico que corría a toda velocidad por mis venas.

Está bien, estoy bien” intentaba convencerme.

No obstante, sabía que me engañaba a mí misma, de repente escuché  leves sonidos a mi espalda, la respiración agitada de una mujer…

No te gires, baja las escaleras y vete…” gritaba mi cerebro.

Intenté ignorar el ruido, caminar pegada a la baranda y salir de allí, sin embargo,  me fue imposible seguir ignorándolo al escuchar un gemido de rendición, cuando me giré encontré a una muchacha no mayor que yo, con el vestido abierto por delante y a un hombre a su espalda sujetándola con fuerza por la cintura, mientras sostenía sus labios sobre el cuello de la chica.

Podría parecer el encuentro entre dos amantes, pero algo dentro de mí gritaba que me equivocaba y que al mismo tiempo  lo que veía no podía ser real, porque los seres como él no existían, porque los demonios no salían de las pesadillas.

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Caí al suelo con un grito atascado en la garganta cuando nuestros ojos se encontraron, rojo, el color de sus pupilas, y el de la sangre que teñía sus labios, vi a la chica caer al suelo mientras el demonio se acercaba a mí, pronunciando algo que no llegué a oír, mi vista iba a la deriva entre la chica y el ser de pesadilla, hasta que quedé atrapada en su mirada, hundida por completo, sin voluntad ninguna. Cada vez estaba más cerca, arrodillado frente a mí, con sus manos sobre mi rostro, en mi cuello, acariciando, dominando. Noté su aliento y sus labios sobre mi piel, el raspar de sus colmillo deseosos de traspasar la carne…

-¡Darío! –exclamó la voz de una mujer a su espalda-, no seas descortés, al menos preséntate antes –le reprendió con suavidad-, la he traído para ti así que no me dejes en mal lugar. –susurró.

El monstruo escapado de mis pesadillas se incorporó ante sus palabras, un demonio de proporciones perfectas con el aura de un ángel caído, peligroso y hermoso al mismo tiempo.

-Trátala con cuidado –le aconsejo la mujer que creí mi amiga, y que me había vendido aquella noche, al tiempo que veía como sus pupilas también cambiaban al color de la sangre-, nosotros tenemos un banquete que comenzar.

Darío se inclinó ofreciendo su mano como un caballero, como si él fuera mi acompañante, y no mi verdugo, me negué, intentando escapar de su control, fue inútil, entre pataleos y golpes me vi alzada en sus brazos robándome la poca resistencia que me quedaba, llevándome a través del laberinto hasta el mismo centro. El miedo se reflejaba en mi rostro, me hacía temblar, pero él no dijo una palabra, solo me dejó allí sobre la hierba del jardín.

-¿A qué esperas?, ¿No soy tu cena de hoy? –pregunté sin saber de dónde había sacado el valor.

-¿Por qué crees eso? –me interrogó mientras se sentaba a mi lado.

-Tú…tú eres un monstruo… -declaré- un demonio… que se alimenta de humanos.

Era imposible no tartamudear, el miedo me atenazaba la garganta, escondí el rostro ente mis manos evitando ver su reacción, aún así todo lo que obtuve fue una profunda carcajada.

-Un monstruo, un demonio- repitió pesadamente mientras veía un gran dolor en su mirada-. Vosotros coméis otros animales y no por eso os llamáis asesinos, el ser humano sobrevalora la vida, sólo porque es consciente del paso de la muerte, y yo no he matado a nadie, todavía  -dijo al tiempo que sostenía mi barbilla para que lo mirara directamente a los ojos-. No estás aquí para ser mi cena. -me susurró.

Había algo en su voz, en su tono grave y profundo que me adormilaba, que nublaba mi sentido, sin saber cómo había acabado en sus brazos, dispuesta a lo que quisiese de mí.

-Entonces, ¿qué buscas de mí?- intenté saber agarrándome a la poca consciencia que me quedaba.

-¿No lo sabes?- preguntó justo antes de besarme robándome la poca resistencia que podía quedarme, dejándome suspendida en un mundo oculto por la niebla, donde él era el único pilar en el que sostenerme-. Ya te buscaba desde antes de que nacieras, tú eres sólo mía, Pandora, siempre ha sido así, y ahora compartirás mi vida por la eternidad.

Sentí un dolor punzante en el cuello, justo cuando sus colmillos atravesaron mi piel, la vida se me escapaba por mucho que me aferrara a ella, mi cuerpo quedaba frío, perdido cada vez más, entonces una pregunta se dibujó en mi mente “¿por qué yo? “ y con claridad pude oír la respuesta de labios de Darío.

-Porque eres la destinada a soportar mi carga, a contener mi sangre. Bebe Pandora- decía mientras acercaba su muñeca abierta y sangrante a mis labios, apenas una gota rozó mi boca me agarré a ella con voracidad, esperando saciar una sed que no tenía fin-, toma la vida que te ofrezco, a mi lado compartirás la eternidad, nunca más sufrirás, nunca más estarás sola, yo seré tu apoyo, y tu vida, yo seré tu camino y tú mi guía.

El 29 de Diciembre, mi vida acabó. No, más bien renací en brazos del demonio al que temía y con el que ahora me preparo para compartir la eternidad, en un mundo de sombras, pero alumbrada por él, aunque eso, es otra historia.

Karem Belt

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